Desarrollado casi por completo por una sola persona, Holonoptic es uno de los simuladores de gestión indie más ambiciosos que han salido recientemente. Lanzado en Steam el 16 de julio de 2026, combina simulación económica, RPG, novela visual y ficción corporativa. Es una propuesta atrevida, y especialmente estimulante para quienes disfrutan investigando y aprendiendo mientras juegan, permitiendo explorar distintas corrientes ideológicas y filosóficas sin presentar de forma evidente una como la correcta.
Sin embargo, tras unas quince horas y después de alcanzar uno de sus más de diez finales, la impresión es clara: presenta algunos problemas para considerarlo un producto terminado. Su premisa es muy original, pero la ejecución técnica y el diseño de varios sistemas no están a la altura. En su estado actual transmite más la sensación de una beta que la de un lanzamiento completo, algo difícil de pasar por alto cuando se comercializa por unos veinte euros.
50.000 millones para reconstruir un imperio… ¿o no?
Un programa de inteligencia artificial sitúa al jugador como nuevo CEO y rostro humano de Glazial, una empresa suiza que comenzó dedicándose a la excavación de túneles y terminó convertida en un enorme conglomerado multinacional.
Al asumir el puesto, Glazial se encuentra sumida en el caos. En las cuentas permanecen 50.000 millones de francos suizos procedentes de una agresiva operación especulativa en el mercado de divisas realizada por el anterior CEO. Y es que todo cambió cuando este tomó una serie de decisiones extremas: despidió a toda la plantilla, liquidó los activos de la compañía y desapareció dejando muy pocas pistas.

Esta es la premisa de la que parte el jugador tras sobrevivir a la contraintuitiva creación de personaje. Pero hay más: dentro del juego hay diferentes personajes que tratarán de guiar las decisiones del nuevo CEO, entre ellos el programa de inteligencia artificial (conocido como Geist) que gestiona Glazial; la junta de accionistas; y algunos empleados.
Es decir, hay una buena variedad de personajes, y detrás de cada uno hay agendas con diferentes intereses. Esto abre la puerta a múltiples rumbos narrativos, donde las decisiones del jugador llevarán la historia a más de 10 finales distintos.
Las decisiones importan
Según las decisiones que el jugador tome en cuanto a la gestión del patrimonio, el juego las categoriza a través de ocho corrientes ideológicas, basadas en ideas económicas y filosóficas reales. El propio desarrollador las identifica de la siguiente forma:
- Libre mercado, o globalismo.
Basado en Adam Smith y el circuito FMI/OMC/FEM. - Simbiosis, o colectivismo.
Sindicatos, propiedad colectiva y movimiento obrero. - Plutocracia, aristocracia.
Las grandes fortunas o antiguas riquezas, paraísos fiscales, la filantropía. - Materialismo científico.
“Todo lo mental es físico”: manipulación química y diseño de sustancias, implantes tecnológicos. Metáfora del árbol del conocimiento. - Subterfugio.
Robos, espionaje y economía sumergida. - Ficción, realidad simulacro.
Mímesis al estilo Baudrillard: como mediante la publicidad y la marca, puedes manufacturar la realidad. El relato mata el dato. - Locura, o desviación interna.
Los “espíritus animales” de Keynes: la racionalidad y las emociones son fuerzas capaces de mover el mercado. Y además hace una pequeña sátira sobre el mindfulness corporativo o retiros espirituales de ejecutivos buscando la “iluminación”. - Tecno-utopismo y transhumanismo.
Explora la fascinación radical por la tecnología y la automatización, y además crea empresas ficticias que son claras referencias a empresas ya existentes.
Lo interesante no es únicamente la variedad de corrientes que recoge y la rejugabilidad que implican, sino la libertad con la que permite acercarse a ellas. El juego no parece interesado en decirle al jugador cuál es la correcta, sino que permite explorar diferentes caminos y observar sus consecuencias sin imponer de forma evidente una lectura concreta. Es algo que merece elogio: en lugar de presentar unas ideas como inherentemente buenas y otras como equivocadas, deja espacio para explorar qué aporta y qué problemas plantea cada una. En última instancia, es el jugador quien interpreta lo que es un buen final y lo que es un mal final.
Los problemas de Holonoptic
El juego logra una ambientación corporativa poco habitual y despierta la curiosidad no sólo en su historia sino también en investigar sobre conceptos y teorías reales; incorpora además un sistema de tiradas d20, que interactúa con habilidades, rasgos, consumibles, equipamiento y decisiones anteriores; ofrece distintas opciones de diálogos, estando muchos doblados, y muchos de sus personajes tienen una ruta narrativa y una personalidad magnéticas.
Sin embargo, los problemas de Holonoptic pueden eclipsar sus aspectos positivos.

Una interfaz hostil y quince cierres inesperados; más de cincuenta empresas, pero muy poco mercado; y eficiencia ante el roleplay. Estas tres cuestiones resumen los principales problemas observados durante las quince horas de juego.
Durante la partida, hubo quince crasheos, algunos provocados simplemente al interactuar con determinados elementos de la interfaz, otros por motivos misteriosos.
Y es que la propia interfaz acaba convirtiéndose en uno de los mayores obstáculos. Es contraintuitiva y torpe. No hay “economía de clics”: acceder a ciertos menús principales exige pasar constantemente por dos o tres menús intermedios. La tecla “Esc” acaba utilizándose casi tanto como el clic izquierdo. Sin conocer los atajos, la interfaz llega a parecer diseñada para irritar. A este problema de accesibilidad, se añade que el juego está disponible únicamente en inglés.
Además, no mantiene una coherencia estética: por ejemplo, el mapamundi realista no casa en absoluto con el enfoque minimalista y frío del resto del juego.
Más de cincuenta empresas, pero muy poco mercado
En segundo lugar, Holonoptic intenta crear una simulación que, cuando se examina con algo más de profundidad, revela sistemas desaprovechados y muy poca conexión entre ellos .
El juego anuncia más de 50 empresas, pero durante las quince horas de partida sólo tres o cuatro llegaron a transmitir cierta personalidad y una interacción significativa. El resto funcionan principalmente como objetivos de adquisición o piezas para conseguir sinergias. El problema se acentúa porque tampoco existe un verdadero ecosistema empresarial: si el jugador no interviene, el mercado permanece prácticamente inmóvil. No hay cotizaciones visibles de las demás compañías, alianzas empresariales emergentes, rivalidades dinámicas ni una evolución independiente apreciable.
Las adquisiciones de estas son gran parte del gameplay, sin embargo, la mayoría terminan realizándose prácticamente a ciegas. Hay muy poca información de esas supuestas 50 empresas, y al menos en la dificultad normal, resulta muy difícil ponerse en aprietos por hacerlo mal.

La logística, la integración vertical, horizontal o el cross-selling que también anuncian se traducen literalmente en bonificaciones porcentuales por adquirir empresas similares o que produzcan bienes que pertenezcan a un mismo sector.
Además, no existen los países ni la distancia, son conceptos meramente ornamentales. Por otra parte, los trabajadores son meras cifras cuya gestión se reduce prácticamente a contratar y poco más.
La inmersión frente a la eficiencia
Volviendo al roleplay, Holonoptic también tiene un “meta” bastante marcada. Dar a cada empresa su propio vestíbulo, sala de reuniones, oficina del CEO y demás instalaciones coherentes implica jugar de forma subóptima. En la práctica resulta mucho más eficiente construir tan sólo una de estas salas para todo el grupo y dedicar el espacio restante a llenar plantas de oficinas, laboratorios o servidores.

Conclusión
Holonoptic tiene una premisa muy original y suficientes buenas ideas como para destacar, pero su ambición supera claramente a su ejecución. Algunos de sus problemas pueden corregirse con parches; otros parecen exigir sistemas más profundos, más recursos y quizá incluso una secuela.
Por unos veinte euros cuesta recomendarlo en su estado actual. Sin embargo, en una rebaja de Steam, que lo dejara por un precio más competitivo, como en este caso, sí merecería la pena probarlo por su ambientación, sus personajes, su historia y la cantidad de ideas poco habituales que pone sobre la mesa, especialmente para los aficionados a los simuladores de gestión.










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