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Blackdoor, un curioso simulador de hacking donde tendrás que aprender a programar para sobrevivir

Hay juegos que utilizan el hacking como una excusa para colocar delante del jugador un minijuego de puzles y poco más. Blackdoor quiere hacer exactamente lo contrario. Aquí somos un hacker y, para avanzar, tendremos que utilizar una terminal, escribir scripts y aprender poco a poco cómo funcionan las herramientas que tenemos a nuestra disposición.

El juego está desarrollado por Static Signal, un desarrollador en solitario de Reino Unido, y supone su tercer lanzamiento en Steam. Está disponible para PC a través de Steam por 13,49 euros, un precio bastante ajustado para una propuesta que tiene una idea muy concreta y que sabe perfectamente al público al que quiere dirigirse. Porque sí, este no es un juego para todo el mundo; todo lo contrario.

Una terminal con una curva de aprendizaje que puede hacerse cuesta arriba

La primera impresión que deja Blackdoor es bastante particular. Prácticamente todo lo que hacemos pasa por una ventana de comandos que funciona como nuestra herramienta principal de trabajo.

Aquí recibiremos información, ejecutaremos comandos, escribiremos scripts y comprobaremos los resultados de nuestras acciones. No hay una interfaz repleta de botones que nos diga exactamente qué tenemos que hacer, sino que tendremos que aprender a desenvolvernos dentro de esta terminal.

Para facilitar un poco las cosas, tenemos también una ventana adicional en la que podemos consultar nuestros archivos y scripts de una manera mucho más visual. Esto es especialmente útil si no estamos acostumbrados a movernos constantemente por directorios utilizando únicamente comandos.

Además, contamos con comandos de ayuda que podemos consultar en cualquier momento. No nos explican absolutamente todo, pero sirven para entender qué herramientas tenemos disponibles y cómo podemos utilizarlas. Y esto es importante porque Blackdoor no pretende enseñarnos a hackear como si fuera un tutorial tradicional.

Uno de los puntos que más he notado durante las partidas es que Blackdoor puede ser complicado si no tienes conocimientos previos de programación o ciberseguridad. El juego nos proporciona herramientas que ya funcionan, pero somos nosotros quienes tenemos que aprender a utilizarlas y, sobre todo, a mejorarlas. A medida que avanzamos vamos entendiendo conceptos relacionados con variables, bucles, funciones y diferentes formas de automatizar nuestras tareas.

La idea es bastante interesante porque realmente sientes que estás aprendiendo a utilizar las herramientas en lugar de limitarte a seguir instrucciones. El problema es que no siempre resulta intuitivo. Hay términos y conceptos que pueden resultar completamente desconocidos para alguien que nunca haya programado. El juego quiere que experimentemos, que probemos comandos y que descubramos qué podemos hacer, pero eso puede provocar que durante las primeras horas no tengamos demasiado claro qué estamos haciendo.

Por suerte, las misiones cuentan con pistas opcionales que podemos utilizar cuando nos quedamos atascados. Estas pistas ayudan muchísimo a encontrar el camino correcto, aunque tampoco nos dan la solución directamente. Todavía tendremos que pensar qué hacer con la información que nos proporcionan. Y creo que ese equilibrio funciona bastante bien.

Aprender mientras completas las misiones

La mejor manera de entender Blackdoor es precisamente jugando sus misiones. Nuestro contacto, conocido como second_hand, nos irá proporcionando diferentes trabajos a través del canal IRC #blackdoor. Recibiremos una dirección IP, información sobre nuestro objetivo y algunas indicaciones para comenzar.

A partir de ahí, tendremos que utilizar nuestras herramientas para investigar el servidor, encontrar puertos abiertos, localizar archivos, conseguir contraseñas, obtener privilegios y finalmente conseguir aquello que nos han pedido.

Lo interesante es que no existe necesariamente una única manera de solucionar cada situación. Podemos utilizar diferentes herramientas y escribir nuestros propios scripts para intentar conseguir el objetivo. Una solución puede ser más rápida, otra más silenciosa y otra simplemente funcionar porque hemos encontrado un atajo que no habíamos visto inicialmente. Esto hace que la programación no sea un elemento secundario, sino la mecánica principal de Blackdoor.

Las misiones cuentan además con un sistema de rastreo que nos obliga a darnos cierta prisa. Cada conexión inicia una cuenta atrás que se acelera dependiendo del ruido que hagamos mientras trabajamos. Si conseguimos que nos rastreen, la misión termina. Este sistema me parece uno de los elementos que mejor funcionan para crear tensión.

Normalmente estamos intentando descubrir qué comando necesitamos utilizar o qué archivo tenemos que investigar, pero al mismo tiempo sabemos que estamos perdiendo tiempo y que nuestras acciones pueden hacer que el rastreo avance más rápido. Es una sensación bastante diferente a la de otros juegos de hacking y consigue que incluso tareas relativamente sencillas tengan cierta tensión.

Blackdoor tiene una propuesta muy concreta y creo que eso es tanto su mayor virtud como su principal limitación. Si te gusta programar, es bastante fácil entrar y terminar pasando más tiempo del esperado intentando optimizar un script. En cambio, si buscas una experiencia de hacking más accesible y directa, probablemente la curva de aprendizaje pueda resultar demasiado exigente.

No es un juego que te lleve de la mano constantemente. Te da las herramientas y espera que seas tú quien descubra cómo utilizarlas. Y aunque al principio puede resultar frustrante, cuando empiezas a comprender lo que estás haciendo la sensación de progreso es bastante satisfactoria.

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