El recién lanzado Dung Ho! Pirates of the Veld llega con una propuesta perfecta para jugar con amigos. Se trata de un cooperativo caótico donde hasta seis jugadores controlan escarabajos peloteros empujando una bola de estiércol. Sí, esa es la premisa, y sorprendentemente, funciona.
Tras las primeras partidas, nos queda claro que el juego creado por Lesser Weevil es uno de esos juegos pensados más para fastidiar a tus compañeros y pasar un rato entre risas.
Una divertida experiencia si juegas con amigos
La conclusión es que este juego gana muchísimo en compañía. En solitario, la experiencia pierde bastante fuerza. Sin el caos generado por otros jugadores, la propuesta se siente más plana. Pero en cooperativo, las partidas se convierten en situaciones impredecibles, con errores que generan momentos hilarantes donde la coordinación (o la falta de ella) es clave. En esencia, el mayor enemigo en este juego, son tus propios amigos.

Jugabilidad centrada en físicas caóticas
Uno de los puntos más destacados, para bien y para mal es el control de la bola. Al principio resulta difícil de manejar, por lo que requiere tiempo para entender cómo se mueve, volviéndose completamente caótico en terrenos complicados.
Pero precisamente ahí está la gracia: dominar las físicas forma parte del aprendizaje, y cuando todo sale mal, es cuando resulta más divertido.
No es un juego profundo en mecánicas, y tampoco lo pretende. Al final, empujar la bola es la base de todo. Hay objetos que ayudan (o complican aún más la partida) y existen elementos del entorno como animales que pueden arruinarlo todo. Aunque los objetos pasivos no tienen demasiado impacto, los activos sí añaden un pequeño componente estratégico que te permiten elegir rutas, anticipar peligros o salvarte de situaciones límite.

Progresión y personalización
El juego incluye un sistema ligero de progreso. Cuenta con skins desbloqueables para la cabeza, cuerpo y cara, logros que te incentivan a seguir jugando y a medida que avanzas, los niveles aumentan progresivamente la dificultad.
Los primeros niveles sirven para aprender, mientras que los más avanzados elevan el reto considerablemente. Los enemigos no suponen un gran desafío, pero cumplen su función. No es un juego especialmente complejo, pero sí lo suficientemente variado para mantener el interés durante varias partidas.
Respecto a la personalización, aunque simple, añade un toque divertido, especialmente al mezclar elementos visuales.

La conclusión a la que podemos llegar es que Dung Ho! Pirates of the Veld encaja perfectamente en un perfil muy concreto. No es un juego recomendable para jugar solo ni para jugadores que busca profundidad ni largo recorrido. Es el juego ideal para jugar con amigos una tarde, o para contenido casual. De hecho, es el típico juego que funciona muy bien en vídeos o para streaming, pero que puede perder interés a largo plazo.
Dung Ho! no intenta ser más de lo que es: un juego cooperativo absurdo y centrado en la diversión. Y lo consigue. Eso sí, depende casi totalmente de con quién lo juegues. Porque aquí, más que empujar una bola, lo importante es reírte del desastre en compañía.












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